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Juan González Soto
Seis elegías, seis, con preludio y coda, y con palabras liminares y nota final. Y un amplio, delicado, detallado aparato con que sostener la mirada hacia ese precipicio que el poeta (conocedor de las letras y «aficionado a los retos») ha decidido contemplar, y afrontar.
El punto de partida es la muerte, las muertes, de profesores, de compañeros, de amigos. «Vida, memoria, máscara» puede leerse en el prólogo, esa especie de «déjà lu» con que iluminar desafío tan singular en estos tiempos, en que la épica renueva sus infaustos colores y huelga la lírica, aún más la elegía. ¿Cómo escribir versos, uno y otro, capaces de nombrar esa muesca inefable que es oquedad y reunión y conmoción de recuerdos y de personas amadas? Lo esencial es conseguir que con palabras sea nombrado ese tránsito hacia lo indecible. Y, sobre todo, que, después, una vez logradas, los versos suenen a verdad, y en verdad lo sean. En definitiva, la verdad debe recorrer, con su pie desnudo, el artificio de que parten y con que se elaboran las palabras.
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Mari Carmen Gascón B
El primer libro que recuerdo haber leído de Sylvia Plath (Boston 1932-Londres 1963) fue «Tres mujeres», en una edición bilingüe de Lola Editorial. Me interesó ese poema para tres voces en el que las tres mujeres del título acaban de dar a luz. La primera ha tenido un hijo, la segunda lo ha perdido y la tercera ha dado a su hija en adopción. Me impactaron los tres monólogos que transparentaban las tres visiones de los deseos, temores y culpas de una sola mujer. Poco sabía yo entonces de su biografía pero aquella rotundidad emanaba auténtico dolor. Luego supe que era una poeta confesional y que los detalles íntimos que contaba pretendían trascender lo personal: su sufrimiento tenía una magnitud más amplia y eran las heridas de todos los humanos oprimidos.
Admirada por su uso del lenguaje, hice una segunda lectura, revisándolo principalmente en inglés, y subrayé algunos de sus juegos poéticos, ejemplos de cómo pensaba en imágenes y sonidos, de cómo lograba que las palabras tuvieran ecos y sub-ecos; me sentía admiradora y detective al mismo tiempo, buscaba sus rimas: la fonética, la semántica… y sobre todo las internas. !Qué ritmo tan sofisticado al que a la vez no le sobraba nada! LEER MÁS–>
Rapsoda: Sarah Shackleton
Rapsoda: Concha Gómez

Jorge Rodríguez
“Romance de Melisenda” es la última creación “de largo aliento” del poeta Antonio Eduardo Tello Argüello (Villa Dolores, Córdoba, Argentina, 1945), cuya edición, cronológicamente, y en lo que a su producción poética se refiere, se ordena entre los poemarios “Lecciones de tiempo” (2015) y “En la noche yerma” (2019).