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Premio Nacional de Poesía 2025
Por Túa Blesa
(Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada
de la Universidad de Zaragoza)
El lector abre Bella durmiente y lo primero que lee es “Mi cuerpo desnudo está aquí”, aquí: estas palabras, este verso, este poema, este libro, declaración de que, tratándose de poesía, de lenguaje, el cuerpo se ha hecho palabra —cómo no recordar en ese momento que es lo inverso de lo que escribió san Juan, “El Verbo se hizo carne” (Jn 1, 14)—, y esta metamorfosis, una auténtica transustanciación, sabrá el lector de otros de los libros de Miriam Reyes que no afecta solo a ese verso, a ese libro, sino que es el cuerpo quien se hace palabra en toda su obra poética y también en esa conmovedora ¿novela? que es La edad infinita. LEER MÁS

Entrevista realizada por M. Carmen Gascón B.
Miriam Reyes (Ourense, 1974) es autora de numerosos poemarios, recogidos y revisados en Extraña manera de estar viva: Poesía reunida (2001-2021) (Mixtura, 2022). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2025 por su obra Con (La Bella Varsovia, 2024). A su dimensión de poeta se suma la de videocreadora, traductora y novelista, con la publicación de La edad infinita (Tránsito, 2025).
Traductores: Viorica Patea y Antonio Colinas
Leyendo “On Learning to Dissect Fetal Pigs”
poema ganador del premio Academy of American Poets 2020
de Renée Nicole Macklin Good

El poema «Aprender a diseccionar» ya comienza con una paradoja: aprender ligado a diseccionar. Aprender de algo que no nació pero que ya es materia. Ello anticipa el conflicto central del poema: qué se pierde cuando conocer implica abrir, reducir, clasificar. LEER MÁS->
Por M. Carmen Gascón B.
por M. Carmen Gascón B.
Hemos quedado a charlar con Mustafá Akalay y en la conversación brillan con armonía temas muy diversos: La poesía en la Alhambra, la Música arábigo andalusí, J.L. Borges, sus veinte años en Granada como agitador cultural en el Tragaluz, su gran amistad con Mohamed Chukri, el urbanismo de una ciudad islámica…
El Tragaluz no era un restaurante. El Tragaluz no era un Ateneo. El Tragaluz no era una sala de conciertos, ni una sala de conferencias. El Tragaluz era todo eso y mucho más. El Tragaluz era el producto de la imaginación, el cariño y el buen hacer de las dos personas que lo fungían. Mustafá Akalay, un tangerino universal, parisino de vocación e hijo adoptivo del barrio del Realejo, y su esposa Tita, una cántabra que había abandonado su Laredo natal y las bravas aguas del Cantábrico para acompañarlo en su aventura granadina. El primero ejercía de maestro de ceremonias, recorriendo el local y departiendo, de mesa en mesa, con los comensales sobre política, literatura, música y otros paisajes urbanitas. La segunda, verdadera alma y sabia muñidora de aromas y sabores, había logrado una rara síntesis entre la recia comida norteña y la sutil cocina mediterránea. La personalidad de Tita era arrolladora, una fuerza telúrica que azotaba la sala con el carácter súbito y violento de la Galerna de su entrañable mar Cantábrico. LEER MÁS->

Os invitamos a escuchar esta entrevista-charla que tuvo lugar en la ciudad de Fez (Marruecos) a la que continuó una fiesta cultural con amigos suyos en la que se mezcló música y tradición oral, todo poesía. Sentí que no hay fronteras entre recitar y cantar, que es preciso tiempo para desvelar las raíces que unen las orillas del Mediterráneo… y de todo el Planeta.