
Poema incluido en el poemario «Urgencia» de Jorge Torres Medina
por Fátima Frutos
Andrómeda Encadenada parte de una tradición en la que la ópera y la poesía se dan la mano y crean un vínculo especial. Tenemos el caso de Andrea Chénier, donde el libretista Umberto Giordano se apoyó en los versos del poeta que da nombre a la ópera. O el caso del libretista de Otello, que fue el poeta Arrigo Boito, o Lohengrin y su enlace con los poemas medievales alemanes. En el mundo hispánico mencionaremos las óperas Taboré y Los amantes de Teruel de Tomás Bretón. Más cercanas en el tiempo tenemos las experiencias de Ana Rossetti convirtiendo en librero unas cartas de Oscar Wilde, El secreto enamorado o Cristina Rivera Garza realizando el libreto de la ópera Viaje.
En Andrómeda Encadenada hay una reinterpretación del mito griego, precisamente para traer su fuerza al siglo XXI. Así, nos encontramos con una mujer con todo su mundo destrozado que resurge de sus propias cenizas, enfrenta su destino y transforma con valentía su vida, dándole un nuevo sentido a toda su existencia.
Composición: Agustí Charles / Textos: Fátima Frutos / Libreto: Marc Rosich / Dirección de escena: Jordi Pérez Solé / Dirección musical: Lorenzo Ferrándiz y José Rafael Pascual-Vilaplan
Intérpretes: Soprano: María Hinojosa / Violín: Marc Charles / Arpa: Esther Pinyol
Escenografía: Sergi Corberá / Vestuario: Joana Martí / Iluminación: Sylvia Kuchinow / Movimiento: Laura Calvet
por M. Carmen Gascón B.
En ocasiones parece que estamos en las nubes, que los recuerdos pesan y se nos enciende la bombilla. Rara vez advertimos que estamos viviendo dentro de estas metáforas y que las habitamos como quien habita una ciudad tan conocida que ha olvidado mirar sus calles. George Lakoff y Mark Johnson explicaron, entre otros, que las metáforas cotidianas no son adornos del lenguaje, que son estructuras del pensamiento y nos ayudan a construir la realidad. Metáforas como puente que nos permiten comprender mejor el mundo ¿o como trampa que nos impide verlo? LEER MÁS->

¿Qué ocurre cuando un poema deja de limitarse a las palabras y empieza a ocupar el espacio de una imagen? Desde los caligramas de Apollinaire hasta el cómic contemporáneo, poesía e ilustración han mantenido un diálogo constante. Hoy, las redes sociales han convertido esa relación en un territorio especialmente fértil.
En la obra de Leo Témez, palabra e imagen pueden entenderse como dos partes de una misma escritura. El dibujo no se limita a ilustrar lo que dice el texto: lo prolonga, lo transforma y, a veces, introduce un significado nuevo. Leer y mirar se convierten así en una misma experiencia. Leo representa otra vertiente de esta relación entre imagen y narración. Su novela gráfica El vientre del mar, desarrollada durante sus estudios de Ilustración en Zaragoza, demuestra las posibilidades de la imagen secuencial para construir atmósferas, personajes y mundos. LEER MÁS->
por M. Carmen Gascón B.
La luz que revive mitología
Jorge Gay nos dice que crear y negar navegan en la misma barca.
Que la belleza no ignora la sombra:
la abraza para que la luz pueda existir sin inocencia.
Y esa luz le mira a Jorge y se detiene ante su poético vivir.
Nada es solamente lo que vemos.
Una silla guarda la forma de quien la habitó.
Una ciudad acumula las voces de quienes la soñaron antes de recorrerla.
Pintor poeta como si cada color pronunciara una palabra
y reuniera esa luz y su melancolía,
memoria y deseo, pérdida y esperanza. LEER MÁS->