Poesía en una Feria Internacional de Arte
por M. Carmen Gascón B.
Como cada año deambulaba por ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte, entre galerías, oráculos tecnológicos, esculturas de venta segura y obras de artistas emergentes.
Inesperadamente la poesía irrumpió a mi lado como un cuerpo expandido: versos bordados a mano convertían el lenguaje en objeto y el objeto en pregunta.
La presencia de Ana María Caballero en una feria de Arte era muy significativa; ella no estaba allí para “mostrar poemas”, sino para discutir qué puede ser hoy un poema.
El encuentro entre nosotras fue tan improbable como natural. Yo no la buscaba, pero la encontré y días después conversamos largamente de cómo desplazar los versos más allá de la página y hacerlos circular por los mismos espacios donde circulan el deseo, el mercado y la mirada contemporánea.
Sus instalaciones Domingo a Domingo transmiten tensión entre intimidad y ruido cultural. Funcionan como piezas visuales y al mismo tiempo como artefactos de lectura. La tela bordada introduce tiempo, tacto y trabajo manual frente a la lógica de reproducción infinita del mercado. El poema entra en la Feria vestido de objeto comercial —perchas, alarmas de seguridad, exhibición— pero al hacerlo revela la contradicción: la poesía nunca termina de convertirse del todo en mercancía.
Hay algo de T. S. Eliot en ese espacio-collage espiritual, pero también la energía cercana de E. E. Cummings.
Y luego está ese gesto “casi” simbólico de haber vendido un poema en una subasta. ¡Un poema! No un cuadro inspirado en un poema ni una pieza derivada de la literatura. El propio poema entrando en el circuito histórico del coleccionismo contemporáneo. Ahí Caballero abre una pregunta fascinante: ¿qué ocurre cuando el mercado del arte reconoce valor material en algo tan intangible como un verso? ¿cómo conservar también su intimidad?
Os invito a ver y escuchar esta conversación con Ana María Caballero donde se nota su amplia cultura internacional y al mismo tiempo sus obras nos producen cercanía. Podréis sentir cerca también a Louise Glück y/o Mercedes Carranza porque todas respiran la herida, privada o social, el cansancio, lo cotidiano.
Enhorabuena Ana María por desvelarnos a través de tus obras que la poesía, después de todo, también ha sido siempre una forma de instalación: coloca palabras en el espacio interior de quien las lee y altera para siempre la arquitectura de ese lugar personal.

















































