Tullia d´Aragona

Una voz femenina del amor en el Renacimiento italiano

por Almudena Vidorreta

Tullia d’Aragona fue una de las figuras más destacadas y singulares de la cultura italiana del siglo XVI. Nacida en Roma hacia 1510, fue hija de la célebre cortesana Giulia Campana, quien sostenía que Tullia era hija natural del cardenal Luigi d’Aragona, sobrino del rey Alfonso II de Nápoles. Desde muy joven recibió una educación excepcional: dominaba la música, poseía una extraordinaria capacidad para la conversación y una elocuencia refinada que le permitió integrarse con naturalidad en los ambientes intelectuales más exigentes de su tiempo.

Tras pasar sus primeros años en Roma, a partir de la década de 1530 llevó una vida itinerante que la condujo por algunas de las ciudades más influyentes del panorama cultural italiano, como Ferrara, Venecia, Siena y Florencia. Estos desplazamientos no respondieron solo a la búsqueda de seguridad personal, sino también al deseo de encontrar espacios donde su talento literario pudiera desarrollarse y ser reconocido. En 1543, durante su estancia en Siena, contrajo matrimonio con Silvestro Guicciardi, lo que le permitió librarse de las severas leyes que castigaban a las cortesanas en esa ciudad. Más tarde, en Florencia, logró incluso evitar la obligación de llevar signos distintivos de su antigua condición gracias al prestigio alcanzado como poeta.

Tullia d’Aragona fue una presencia habitual en los círculos literarios y filosóficos del Renacimiento. Mantuvo relación con figuras de primer orden como Bernardo Tasso, Francesco Maria Molza, Ippolito de’ Medici, Claudio Tolomei, Girolamo Fracastoro, Benedetto Varchi o Anton Francesco Grazzini. Lejos de desempeñar un papel secundario, participó activamente en los debates intelectuales de su tiempo, y su obra fue leída y discutida con atención por sus contemporáneos.

Su poesía se inscribe en la tradición petrarquista, pero se distingue por una sensibilidad propia y por una reflexión explícita sobre el amor desde una perspectiva femenina. En 1547 publicó en Venecia su colección de Rimas, dedicada a Leonor de Toledo, esposa de Cosme I de’ Medici y una de sus principales protectoras. Estos poemas destacan por su delicadeza formal y por una franqueza expresiva poco común en la lírica amorosa escrita por mujeres, rasgo que ya fue señalado por editores y lectores posteriores.

Ese mismo año apareció su obra más influyente, el Dialogo della infinità d’amore, dedicado a Cosme I. Concebido como un diálogo filosófico sobre el amor, el texto se inspira en el neoplatonismo, pero se aparta de sus formulaciones tradicionales para ofrecer una visión original del eros, en la que la experiencia femenina ocupa un lugar central. En esta obra, Tullia defiende con audacia la igualdad intelectual y moral entre hombres y mujeres, rechazando la idea aristotélica de la inferioridad femenina. Esta postura, considerada hoy una forma temprana de feminismo renacentista, fue muy apreciada por el público culto de su tiempo.

Además de su poesía lírica y su obra filosófica, Tullia escribió un extenso poema narrativo en octavas, la Leyenda de Guerino, inspirada en una novela caballeresca de Andrea da Barberino. Su legado permite comprender cómo una mujer del Renacimiento pudo intervenir de manera activa y original en los grandes debates sobre el amor, la ética y la dignidad femenina, dejando una huella duradera en la cultura europea. Compartimos algunos poemas incluidos en la indispensable antología bilingüe (italiano-castellano) a cargo de Cintia Montagut titulada El otro petrarquismo. Poetas italianas del Renacimiento. Incluye poemas de ocho escritoras italianas del siglo XVI, como Victoria Colonna, Chiara Matraini, Verónica Franco, Verónica Gambara, Maddalena Campiglia, Tullia d’Aragona, Gaspara Stampa e Isabella di Morra.​