Sin dejar de soñar la verdad

Surrealismo, vida cotidiana, Matemáticas y poesía

Por M.Carmen Gascón Baquero
Directora Literaria de la Fonoteca

Leído por Luis Trébol.

Tras tanta violencia verbal a nuestro alrededor he decidido releer el Surrealismo y España (1920-1936) de C.B. Morris, editado por Austral en el año 2000.

Es mi forma de resistencia íntima, una protección echando una mirada a aquellas  extravagancias surrealistas que promovieron el escándalo, cultivaron el humor negro, exploraron el inconsciente, y huyeron de la lógica y la razón formal para encumbrar la transgresión como principio.

Pienso en cómo provocaban Breton y Éluard al opinar que un poema debe ser una derrota del intelecto; doy vueltas a la cabeza pensando en cómo Aragon pretendía incomodar al promover la victoria de lo sórdido sobre todo lo admirable;  llego a la frase de De Quincey “El opio solo puede proporcionar sueños interesantes cuando se posee una mente interesante y la capacidad de soñar”.

Paso de capítulo y me encuentro con Ramón Gómez de la Serna y un fragmento de  El hijo surrealista (1930).

-¡Eres un sinvergüenza!

-Soy un surrealista.

El padre, al oír aquello de surrealista, se quedó pálido de ira…

-¡Si supieses siquiera lo que es ser surrealista!

-Es el espíritu de la revolución permanente…

No pretendo escribir un artículo, así que cierro los ojos: juego con algunas palabras escuchadas en los Medios de Comunicación. Empiezo con voluntaria incoherencia pero pronto siento un inquietante desasosiego, un cansancio triste enraizado. Decido leer a Adela Cortina y su libro Neuroética y Neuropolítica editado por Tecnos. Es un libro que ya me acompañó en otros momentos de elecciones políticas, personales… “Aunque resulta difícil controlar las emociones, nuestra corteza prefrontal puede lograrlo… Ella convierte a los homínidos en seres inteligentes, capaces de anticipar el futuro, planificar, adivinar otros espacios, inhibir reacciones inconvenientes, capaces de cooperar para adaptarse al entorno”.

Seres inteligentes… materiales inteligentes… y desmenuzo blogs que son puentes entre varios mundos. Elijo matemáticas en tu mundo y uno de los poemas allí recopilados por el gran divulgador matemático J.M. Sorando.

Leído… escuchado… y sin dejar de soñar la verdad, como nos propone Celaya.