Conversaciones y sabores, entre poesía, urbanismo e ingeniería cultural
por M. Carmen Gascón B.
Hemos quedado a charlar con Mustafá Akalay y en la conversación brillan con armonía temas muy diversos: La poesía en la Alhambra, la Música arábigo andalusí, J.L. Borges, sus veinte años en Granada como agitador cultural en el Tragaluz, su gran amistad con Mohamed Chukri, el urbanismo de una ciudad islámica…
El Tragaluz no era un restaurante. El Tragaluz no era un Ateneo. El Tragaluz no era una sala de conciertos, ni una sala de conferencias. El Tragaluz era todo eso y mucho más. El Tragaluz era el producto de la imaginación, el cariño y el buen hacer de las dos personas que lo fungían. Mustafá Akalay, un tangerino universal, parisino de vocación e hijo adoptivo del barrio del Realejo, y su esposa Tita, una cántabra que había abandonado su Laredo natal y las bravas aguas del Cantábrico para acompañarlo en su aventura granadina. El primero ejercía de maestro de ceremonias, recorriendo el local y departiendo, de mesa en mesa, con los comensales sobre política, literatura, música y otros paisajes urbanitas. La segunda, verdadera alma y sabia muñidora de aromas y sabores, había logrado una rara síntesis entre la recia comida norteña y la sutil cocina mediterránea. La personalidad de Tita era arrolladora, una fuerza telúrica que azotaba la sala con el carácter súbito y violento de la Galerna de su entrañable mar Cantábrico.
Mustafá, intuyendo, con su hermano de la literatura y compañero de experiencias, Mohamed Choukri, el “Bukowski de Tánger”, que la “verdadera genialidad” nacía y se desarrollaba en los antros o bares, en compañía de amigos fieles y entregados lectores, recreó ese Tánger transgresor y cosmopolita, y el París más bohemio en uno de los barrios más emblemáticos de Granada. La imaginación de Mustafá y la complicidad de Tita, habían creado un microcosmos, que muchos fieles considerábamos una extensión del salón de nuestra casa. Su recóndita ubicación no impedía un continuo peregrinar de lo que, parafraseando a los fisiócratas, podríamos llamar “la secta del Tragaluz”. Con el paso del tiempo y gracias a una suerte de conjunciones cósmicas, como escribe Leonardo Padura, el Tragaluz se convirtió en un referente cultural de la ciudad. Por ese espacio íntimo y acogedor transitaron y trasegaron caldos y viandas personajes del mundo de la literatura (Juan Goytisolo, José Saramago, Felipe Romero, Ángel González, Almudena Grandes, Ana Rosetti); del cine y el teatro (Lluís Pascual, Juan Echanove, Núria Espert, Charo López); la música (Josep Pons, Carlos Cano, Cristina Hoyos, Enrique Morente, Miguel Ríos); la Pintura (Juan Vida, Juan Antonio Díaz), o el pensamiento crítico (Ian Gibson, Pedro Martínez Montavez, José María Ridao, Sami Naïr).

Os invitamos a escuchar esta entrevista-charla que tuvo lugar en la ciudad de Fez (Marruecos) a la que continuó una fiesta cultural con amigos suyos en la que se mezcló música y tradición oral, todo poesía. Sentí que no hay fronteras entre recitar y cantar, que es preciso tiempo para desvelar las raíces que unen las orillas del Mediterráneo… y de todo el Planeta.
Usted era amigo de Mohamed Chukri. ¿Cree que Tánger le ha devuelto un poco de todo lo que dio a la ciudad del Estrecho?
La vida de Choukri está relacionada fundamentalmente con la ciudad de Tánger, aunque no nació en esta ciudad, estuvo predestinado a residir en ella, y ambos se pertenecen. Dicha ciudad aparece por doquier en su obra literaria como un tema recurrente: el “yo” del escritor y el “yo” de la ciudad se funden en uno solo constituyendo lo que se denomina el “yo-ciudad”. Tánger, tierra de todos, tierra de nadie ha sido desagradecida con Choukri y lo sigue siendo ni una calle le ha sido dedicada, nunca ha habido solidez de nada, es una ciudad Fatum, que tiene mala memoria y no retiene los nombres, que hoy se debate entre una invención ya desgastada de ciudad mítica o mentira, aquí nunca ha habido nada estable ni continuidad cultural, los tangerinos sobreviven gracias a una tradición de amnesia, de olvidar, de vivir el momento. El carpe diem.
Siendo urbanista y partiendo de su última conferencia sobre la ciudad de Fez. ¿Cómo es una ciudad islámica? ¿Qué características tiene?
Fez la andalusí es el prototipo de ciudad musulmana. Su medina es la agrupación de familias y tribus que se cierra con sus portalones en sus respectivos barrios (Hawmas), adarves y arrabales y todos ellos, acaban cerrándose por una muralla lindante común. Fez como todas las ciudades islámicas está cercada de murallas y encierra: La alcazaba y la medina. La alcazaba espacio político-militar es un recinto franqueado de torres que por sí solo constituye una ciudad militar, creada con fin estratégico, ocupa un lugar de fácil defensa y penoso asedio (en caso de ataque) y donde se halla el polvorín, el arsenal, la cárcel y los cuarteles. En este modelo urbano, el efecto sorpresa del trazado laberíntico de la medina se borra o por lo menos se atenúa a causa de una distribución de usos y actividades, una jerarquización de espacios. La Medina es la generación de la ciudad desde el espacio lleno -la manzana-, y donde lo público y lo privado se entrecruzan de forma compleja.
La Medina es el resultado de la yuxtaposición sucesiva de barrios con subdivisiones. Estas se componen mediante comunidades vecinales aglutinadas por vínculos específicos -familiares, lugar de procedencia, gremiales, actividades económicas- y disponen de todas las instituciones necesarias para la vida social. La Medina constituye una ciudad compleja, dotada de una geometría irregular (un laberinto organizado), con formas urbanas inesperadas como materialización de los contenidos del derecho islámico. “El jurista alemán Otto Spies fue el primero que llamó la atención sobre las leyes islámicas al fiqh -jurisprudencia islámica- relacionadas con la organización urbana.” En contra de lo que generalmente se cree, la ciudad musulmana ejemplo de Fez, fue en sus orígenes producto de una organización racional y programada.
MUSTAFÁ AKALAY:
Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Granada y Urbanista por las Universidades de París VIII (Saint-Denis) y París IV La Sorbona-CNAM, así como por la Escuela de Caminos de París. Sus actividades de estudio e investigación las ha ido compatibilizando durante estos años en áreas relacionadas con Urbanismo, Historia de la Arquitectura, Gestión del patrimonio, Antropología del Espacio, Interculturalidad e Ingeniería Cultural. Entre sus ensayos y artículos publicados se pueden citar, “Gaudí el africanista, trazos del africanismo” (1998), “El cartel y la imaginería orientalista española” (2000), “La ciudad de Tetuán a través de su arquitectura en la ciudad magrebí en tiempos coloniales” (2008), “El Ensanche de Tetuán: síntesis de su historia arquitectónica». Documentos escritos, testimonios inéditos Alhulia Salobreña Granada, colección Estudios Saharianos 2023. Ciudadanía plural y mezcla de las culturas en Melilla en la era de la globalización libro editado por Casa Árabe 2014.















































