Por M. Carmen Gascón B.
Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, Coahuila, 1955) es un poeta mexicano que escribe desde la ciudad y al mismo tiempo desde la cultura más enraizada a sus orígenes. Hijo, a través de la lectura, de la literatura iberoamericana, posee también un universo musical interior. Crea así un amplio territorio lírico, deteniéndose en lo mínimo, un baño, un peinado, un brindis, una playa… y lo carga de memoria cultural e intelectual, sin solemnidad, con pausa narrativa y cierta ironía algo punzante, no exenta de ternura. Mezcla la elegancia de la tradición con la melancolía de vidas cotidianas, sensibilidad y humor, brindis y despedidas.
Su condición de miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano lo coloca, además, en una tradición muy mexicana: la del poeta-diplomático que escribe entre varios mundos, como Alfonso Reyes, Torres Bodet, Gorostiza, Octavio Paz etc. Su obra respira un cosmopolitismo natural. Atenas y Estocolmo, Seferis y Elytis, Ulises y Telémaco, Varsovia, Florencia y Bach conviven en sus versos con Cuernavaca, el Anáhuac y el Valle de México.
En «Inquisitio patris», un hijo busca en la cantina a Malcolm Lowry. Recorre Cuauhnáhuac (la Cuernavaca de Bajo el volcán) y Spoon River, pasa por Comala, el pueblo de fantasmas de Rulfo, y termina junto al cónsul Geoffrey Firmin, ante la Nada. El mismo gesto de reunir culturas aparece en «Ars amandi», que retrata a un exiliado republicano español de Valladolid. Ese personaje pertenece a la gran tradición del exilio español en México, la de Cernuda y León Felipe.
En esta amplia entrevista que a continuación pueden escuchar nos explica incluso el porqué de sus dedicatorias. Su cultura universal se destila en cada frase; era muy joven cuando brindaba con los poemas de la cantina «Los Alebrijes»; el cine se desparrama como memoria sentimental colectiva. Sus finales rotundos invitan a releer el poema de nuevo.
Vamos a escucharle recitar poemas de varias épocas; «S.T.T.L.» (sit tibi terra levis) es una elegía por un muerto de la infancia, «el primero» de todos, a quien el poeta recuerda hablando de Stevenson y Melville y escuchando los lieder de Schubert. «Frente a un cuadro de Munch» une pintura y poesía en una ecfrasis que suspende el tiempo, como hace la poesía mexicana desde Tablada hasta Paz. «Ishmar» convierte un gesto doméstico en rito erótico…
La conversación fluye cómoda entre los amplios ventanales de la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías, en el Parque del Retiro (Madrid) donde las gentes eligen y leen libros; nos acompaña una luz ajedrezada como la de su poema Cenit, también “ me muestra su belleza/ con certidumbre, la esperanza/ del resplandor violáceo y tenue/ de su fugacidad perpetua”.

Jorge Valdés Díaz-Vélez es autor de una veintena de libros de poesía. Entre ellos: Jardines sumergidos (2003), Tiempo fuera (1988-2005), Los alebrijes (2007), Mapa mudo (2011), Parque México (2018) y Los ojos del caballo (2024)
Se le han otorgado el Premio Latinoamericano Plural (1985), Premio Nacional de Poesía Aguascalientes-Instituto Nacional de Bellas Artes (1998) y Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007) y Pemio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado (2011).



















































