Ecos extraviados y el tic-tac de Rafael Alberti

Por: M. Carmen Gascón B
Directora Literaria de la Fonoteca

Era junio de 1977 cuando Rafael Alberti (1902- 1999)
salió elegido Diputado,
en las primeras elecciones democráticas
por el Partido Comunista en Cádiz.
Pocas semanas después, tras uno de los intensos
debates políticos en los que cada palabra a incluir
en el Proyecto de Constitución era un equilibrio,
hubo un encuentro informal, y sin prisas,
del que he escuchado muchas veces hablar
a otro diputado y poeta, Emilio Gastón.

Emilio Gastón  (1935-2018) obtiene acta de Diputado por Zaragoza, por un utópico partido (P.S.A)  participando activamente en los debates y aprobación de la Constitución Española de 1978.
Un día le comentó a Rafael Alberti que su “Elegía a Fernando Villalón” era uno de los poemas que mejor reflejaba los momentos de dolor y vacío 
-!Sólo lo recuerdo vagamente!- le respondió Alberti. Emilio, en aquel mismo momento, se lo recitó de memoria… entero.
-Seguro que es mío, !es muy bueno!- concluyó Rafael.

Emilio le mencionó también la importancia de las editoriales latinoamericanas como la Editorial Losada, con sus libros impresos en Buenos Aires, y que habían permitido a varias generaciones “leer gran poesía,  de la que no se permitía publicar en la España de la dictadura”.

Quedaron en el aire sus acentos universales: el acento andaluz argentino italiano de Alberti y el acento aragonés esperantista de Gastón.

En septiembre de 1977 Alberti  cedió su escaño a un dirigente campesino andaluz reafirmando la condición de “un poeta en la calle”; gran recitador de poemas, en muchas ocasiones junto a Nuria Espert, recorrió diferentes países y continentes acercando al pueblo la poesía, reflejo auténtico de la realidad social española.

Emilio Gastón también creía en ese poder de la poesía y recitaba en numerosos actos  reivindicando colectivamente la Dignidad, el Derecho Humano a la Ilusión, al Paisaje, a la conversación intergeneracional… Como poeta, como Justicia de Aragón y como abogado solidario de causas perdidas recitó en muchas ocasiones la “Elegía a Fernando Villalón”.

Como introducción contaba que Fernando Villalón (1881-1930) había sido un poeta de la Generación del 27 que retrató la Andalucía de principios del siglo XX, que era un aristócrata ganadero que se arruinó con negocios “absolutamente poéticos” relacionados con reses bravas. Fue  compañero de estudios de Juan Ramón Jiménez y gran amigo de Rafael Alberti, el cual lo admiraba  por su generosidad y lo definió como “ese caballero ardiente por las arboledas perdidas”. Le escribió una elegía que incluyó en su libro Sermones y Moradas.

Estremece cada verso dando las horas, y más si se sabe que Villalón deseó ser enterrado con el reloj de bolsillo del chaleco para que, al menos durante doce horas, siguiera sonando un latido bajo tierra.
Os invito a leer ahora sus primeros versos como quien se acerca lentamente a una emoción; así uno está ya más preparado para escucharlo entero. 

“Se ha comprobado el horror de unos zapatos rígidos contra

la última tabla de un cajón destinado a limitar

por espacio de poco tiempo la invasión de la tierra,

de esa segunda tierra que sólo habla del cielo

por lo que oye a las raíces, de esa  que sólo sale a recoger la luz

cuando es herida  por los picos, cortada por las palas

o requerida por las uñas de esas fieras y pájaros

que prefieren que el sueño de los muertos haga caer la luna

sobre hoyos de sangre.

Dejad las azoteas,

evitad los portazos y el llanto de ese niño para quien las ropas

de los rincones son fantasmas movibles.

¿Tú qué sabes de esto?

de lo que sucede cuando sobre los hombros más duros se dobla una cabeza

o de un clavo en penumbra se desprende el ay más empolvado

de una guitarra en olvido?

… “

La puerta del vino

Hoy, en septiembre de 2021, me siento más cerca de ti, de cada persona que lea estas lineas y brindo ya,  con una copa de cristal y La Ilustración  “La Puerta del Vino” incluida en el libro de Rafael Alberti  Retornos de lo Vivo Lejano  Ed. Losada 1952.  Fue uno de los bellos ejemplares que Emilio Gastón mostraba tras alguna cena con amigos, en aquella casa con la Victoria de Samotracia a la entrada – similar a las escayolas que copiara también Alberti; en aquella  biblioteca-vivienda  en la que contemplábamos grabados de  la revista La Esfera,  como también había hecho Rafael Alberti en su juventud y que tanto enriquecieron su mirada pictórica… y aquí podría empezar otro artículo con los recuerdos que compartieron Pepín Bello y Emilio Gastón en un encuentro propiciado por Feliciano Llanas. ¿Cuánto de lo que se cita en el poema existía realmente en el entorno de Villalón? !Los recuerdos siempre están repintados por la pasión amiga!

Escuchemos la “Elegía a Fernando Villalón” con los ecos caminando por un tic-tac de misterio.