Leyendo “On Learning to Dissect Fetal Pigs”
poema ganador del premio Academy of American Poets 2020
de Renée Nicole Macklin Good

El poema «Aprender a diseccionar» ya comienza con una paradoja: aprender ligado a diseccionar. Aprender de algo que no nació pero que ya es materia. Ello anticipa el conflicto central del poema: qué se pierde cuando conocer implica abrir, reducir, clasificar.
Los primeros versos están cargados de nostalgia; la Naturaleza era poesía antes de ser biología.
tercets from cicadas
pentameter from the hairy legs of cockroaches
Aunque en contraste y más adelante llegan los olores y texturas de la ciencia:
slick rubber smell of high gloss biology textbook pictures
salt & ink that rubbed off on my palms
El conocimiento ya no llega desde la contemplación, es una experiencia industrial que no cuida sino que fragmenta. Ya no es «un paño contra la frente febril».
Puede sentirse como un poema anti-ciencia o pro-religión. Aunque hay un vómito verbal de rechazo a las instituciones religiosas. Las biblias no son solo libros:
the post-baptism bibles, the ones plucked from street corners from the meaty hands of zealots, the dumbed-down, easy-to-read, parasitic kind):
El poema reza términos biológicos pero no localiza el alma en su esquema anatómico. ¿Puede convivir lo científico y lo religioso? Parece que no saben dialogar, ninguno es sólido. Su fe es inestable. Ya los Beats rompieron con «la poesía bonita» y hasta lo sagrado ocurría en espacios marginales, carreteras, hospitales…
El poema se vive como un desgarro del cuerpo que es a la vez brecha ante la fe, la memoria y el lenguaje; ante todo ello la persona no sabe cómo volver a coserlos. Es una espiritualidad en crisis con la que ya vivian los Beats obsesionados con la pregunta: ¿qué queda del alma en un mundo tecnificado, bélico, burocrático?
Utiliza una lista caótica de objetos cotidianos pero la enumeración no ordena el mundo: lo desborda. El verso de Renée “this college science that heckles from the back of the classroom” podría leerse como un eco directo del sarcasmo Beat hacia la Academia y el pensamiento “oficial”. También como un inventario interior.
Empujados a vivir en un miedo instalado, Renée no se erige como sucesora de Ginsberg, el profeta urbano, ni de Kerouac el testigo iluminado. Los Beats proclamaban: “¡Aúlla contra el sistema y alcanzarás la visión!«. Su tono marca claramente el paso a tiempos Post-Beat. Ella ya no busca iluminación, la furia es ahora fatiga.
Deambulo e imagino unos versos de Emily Dickinson que podrían servir de epígrafe.
“Faith is a fine invention
When Gentlemen can see —
But Microscopes are prudent
In an Emergency.”
Dickinson ya intuía que el conocimiento científico no destruye la fe, pero la pone en aprietos. Ambas vivenciaron que el conocimiento no reemplaza al significado existencial.
El verso “it’s the ruler by which i reduce all things now” es profundamente post-Beat. No dice “me reducen”, sino “yo reduzco”. El sistema no oprime desde afuera; se ha interiorizado. Cuando Renée escribió este poema no había cumplido ni los 30 años. Resulta incómodo sentir que a esa edad esté haciendo un duelo a la pérdida del asombro mediante este grito grotesco que reduce la vida brutalmente a reproducción, eficiencia, muerte.
Pienso en el poema “Lápida con querubín” de Horace Gregory donde se pregunta cómo recordar dígnamente a los muertos. “On Learning to Dissect Fetal Pigs” Renée pregunta: ¿Qué queda de lo humano cuando ya no sabemos simbolizar la muerte?
Esta lectura del poema no es una lápida; excava el yo oliendo el látex, repitiendo términos, tocando imágenes brillantes. Recordarla como poeta es “make room for wonder”, dejar espacio para lo maravilloso. Desenterrar, de debajo del dolor y la rabia, su constante búsqueda personal y social, incluso con fe inestable.
Poema comentado por M. Carmen Gascón B.

















































