La feria de las palabras

texto de Helena Santolaya

¿Es posible haber nacido en Madrid y también en Zaragoza, en Berlín, en Viena, en Tenerife, en Buenos Aires…? ¿Es posible ser europea, africana, americana…? ¿Es posible ser sabia, inteligente, culta, racional y, a la vez, saber mirar el mundo desde paisajes alejados de la razón? ¿Es posible ser a la vez poeta, filósofa, ensayista, traductora…? Lo es, si te llamas Sandra Santana.

Quienes hemos tenido la suerte de tropezarnos con ella en alguno de esos lugares a los que pertenece, conocemos su curiosidad por el arte, el pensamiento y el lenguaje. Cuando Sandra Santana —de esto hace mucho tiempo— llegó a Zaragoza a iluminar la ciudad y las aulas de la Facultad de Filosofía, ya traía la maleta cargada de palabras. Traía, por ejemplo, un libro de poemas, Es el verbo tan frágil, que Pre-textos le había publicado en 2008. Traía palabras que traducía de otras lenguas para llevarnos de paseo por Austria a conocer a Ernst Jandl, Karl Kraus o Peter Handke. Además de mudar de lengua las palabras, con frecuencia reflexionaba sobre ellas. Y esas reflexiones la llevaron a obtener en 2012 el Premio Ciudad de Barcelona, con el libro publicado por Acantilado El laberinto de la palabra. Karl Kraus en la Viena de fin de siglo. Junto al libro premiado, Sandra Santana llevaba en la maleta un puñado de ensayos donde se sumergía en la literatura y el arte, donde analizaba la escritura de quienes, como ella, aproximaban o fundían los dos territorios. Stéphane Mallarmé había lanzado al espacio —a la página en blanco— un primer poema que abría la puerta a la posibilidad de un libro sin límites; décadas más tarde, esa idea se convertiría en un anhelo compartido por innumerables artistas y poetas que Sandra Santana llevaba en su maleta. Ella misma era, es, poeta y no sólo poeta. Es una artista del pensamiento y no sólo una artista del pensamiento. Cuando escribe un ensayo, no deja de ser poeta, cuando escribe un poema, no deja de tejer el pensamiento. Sandra Santana juega, además, con el lenguaje y hace partícipe del juego a quien la lee. El propio título de alguno de sus poemarios es una invitación al juego. Y ¡Pum! Un tiro al pajarito —publicado en Arrebato en 2014 y reeditado por Pregunta en 2024— nos invita a entrar en la feria del lenguaje, a experimentar en el laboratorio del poema.

Imagino a Sandra Santana en una barraca, con un gorro puntiagudo, envuelta en una nube de vapor azul, saltando de alegría con los tubos de ensayo, mezclando palabras y grafías, construyendo poemas: ¡No se pierdan el espectáculo de magia de Sandra Santana!

¡Pasen y vean!